jueves, 9 de junio de 2011
miércoles, 8 de junio de 2011
GIMNASIA RITMICA
lunes, 7 de junio de 2010
ejercicio 6 de la pagina 257
Ejercicio 6
¿Sabes que es un acta? A continuación te presentamos también desordenados los apartados correspondientes a un acta.
Cópialos ordenadamente en tu cuaderno como creas que es correcto.
c) se procede a la lectura del acta de la sesión anterior siendo aprobada por unanimidad.
a) Siendo las 20:00 horas del día 14 de febrero de 2007 y en el lugar indicado se reunen los citados al margen en junta ordinaria de la comunidad de propietarios para tratar el siguiente orden del día:
b)No habiendo mas asuntos que tratar se levanta la sesión siendo las 22:30 horas del día citado, de todo lo cual doy fe como secretario y firmo la presente con el Vº Bº del presidente.
lunes, 24 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
Tras los pasos del poeta
Paseo literario por el Toledo de Garcilaso
Por Humildad Muñoz Resino
A lo largo de la historia se ha podido comprobar que existen numerosísimos casos de maridaje o hermanamiento entre una ciudad y un personaje –no necesariamente originario de la misma–. El tándem Greco-Toledo puede servir de ejemplo en el último presupuesto apuntado. Y hablando precisamente de la ciudad imperial, tiene ésta a gala el haber sido también cuna de muchos nombres ilustres. Entre todos ellos el nombre de Garcilaso de la Vega brilla con especial realce. El insigne poeta del Renacimiento vio la luz aquí, en "la más felice tierra de la España", según sus propias palabras. Se nos antoja que uno y otra son recíprocamente dignos y se glorifican mutuamente. | ||||||||||||||||||||||||||
Por eso nos parece acertado lo que dice Marañón, en su libro Elogio y nostalgia de Toledo, al que nos referiremos varias veces a lo largo de esta ruta. Concretamente se trata del capítulo titulado "Garcilaso, natural de Toledo", y dice así: Cuando Tamayo de Vargas, en 1622, terminó su libro sobre el gran poeta, su paisano, escribió en la portada: "Garcilaso, natural de Toledo". Con ello quiso, sin duda, advertir a los lectores que el hombre ilustre cuya vida y cuya obra comentaba era gloria inmarchitable de la ciudad que los dos amaron tanto. Pero, sin darse cuenta quizá, quiso decir también que Garcilaso, en sus andanzas de hombre y en su creación de poeta, fue en gran parte como fue, por el hecho de haber nacido en la urbe del Tajo. Es decir, que mucha de su gloria se la debía a Toledo. (p. 92). Si entendiéramos textualmente estas palabras, la figura de Garcilaso podría quedar palidecida con respecto a su ciudad. Pero creo que lo que quiso decir este gran amante de Toledo es que la relevancia política de ésta por entonces, su atmósfera cultural, eran tales, que facilitaron el desarrollo de los potenciales artísticos de un hombre como Garcilaso, enriquecidos luego, sin duda, por sus contactos y sus viajes (que le dieron dimensión universal a su poesía, sin dejar de ser ésta tan española y tan toledana). En cualquier caso, parece indiscutible que el nombre de Garcilaso está prendido en la memoria de los toledanos, como si quisiéramos cumplir el deseo que expresamente dejó manifiesto en suÉgloga II y cuyas palabras nos sirven para cerrar esta ruta. Es por ello que la "Asociación Amigos de Garcilaso" quiere homenajear al escritor, al caballero, al hombre, trazando una ruta literaria a través de algunos espacios de la geografía toledana con los que su persona o su obra guardan alguna relación. Nos parece que es un buen momento para iniciar los homenajes puesto que se aproxima la conmemoración de la fecha "oficial" del quinto centenario del nacimiento (1501) de Garcilaso. Y digo oficial porque a veces se barajan otras fechas (1503); y recientemente, como luego diré, se ha apuntado el año 1499.
Esquema de la ruta
Desarrollo de la rutaI – Torreón de San Juan de los Reyes Comenzamos aquí nuestra ruta garcilasiana precisamente porque el lugar encaja perfectamente con una de las referencias a Toledo que más o menos veladamente podemos encontrar a lo largo de su poesía: las riberas del río. De ello da fe la lápida adherida a la muralla en la que se reproducen algunos versos del poeta toledano, versos cuya lectura más desarrollada efectuaremos seguidamente. Nos parece muy acertado que se eligiera precisamente este lugar del curso del Tajo y no otro para ubicar este "memorándum" parietal. Efectivamente, como acabo de decir, la sintonía entre el lugar y la palabra poética es más que evidente. Se trata de uno de los parajes más sugestivos del itinerario que sigue el Tajo para abrazar a la ciudad, especialmente hermoso durante las puestas de sol y con el incomparable fondo de los cigarrales. Desde aquí la corriente es más amable, superados ya los riscos tormentosos que le preceden inmediatamente: el agua se remansa, recuperando su curso tranquilo por la vega, tras haberse peinado con las púas del puente de San Martín. Es muy posible que Garcilaso buscase la soledad de estos parajes para pasear sus melancolías. Tengamos también en cuenta que su casa no estaba situada demasiado lejos. Y no resulta arriesgado deducir que la belleza del lugar le sirvió de inspiración. Por ello encontramos natural que lo tome como la morada de esas ninfas que tejen tapices con historias. Con ellas, el poeta convirtió a su río –que es el nuestro– en un escenario mitológico. Porque si Filódece, Dinámene y Climene rememoran las penas de amor de Eurídice, Dafne y Venus, Nise inmortalizará en su labor al mismísimo Tajo y a la ciudad a quien sirve de espejo, porque es aquí donde va a situar una nueva historia, y también porque "Las telas eran hechas y tejidas / del oro que el felice Tajo envía" (v.v. 105-106). Cedamos la palabra al poeta:
Garcilaso: Égloga III
La protagonista de esta historia va a ser una ninfa que acaba de fallecer: Elisa. Todos los críticos han explicado este fragmento en clave personal (presumiblemente, el poeta está contando su propio desengaño amoroso, relatando la muerte de Isabel Freyre). Pero sobre esta cuestión volveré más tarde. Y no se acaban las referencias al Tajo en esta composición: sus ninfas van a convertirse en confidentes del deplorable estado de ánimo que sufre el poeta en el soneto que sigue.
Garcilaso: Soneto XI
Así pues, el río se hace realidad en la poesía garcilasiana, aunque literaturizado según los usos expresivos del Renacimiento: por ello, en el soneto XXIV, "el patrio celebrado y rico Tajo"será tributario de una belleza femenina con el tesoro de sus arenas, es decir, con el oro que tópicamente se le atribuía . Este papel transcendente en Garcilaso de su río natal también lo consideró Marañón en su ya citada obra: él, asimismo, podía contemplar el Tajo desde su cigarral, es decir, desde la otra orilla, y, por ello mismo, estaba en condiciones de entender las sensaciones del ilustre toledano.
Gregorio Marañón: "El Tajo soñado"
Aquí tenemos uno de los más bellos palacios toledanos. En su portada gótica lucen los escudos de armas de sus fundadores (leones pasantes). Fue iniciada su construcción en 1440 por el señor de Fuensalida (hijo del Canciller Ayala) don Pedro López de Ayala, casado con doña Elvira de Castañeda, y padre del primer conde de Fuensalida. El sepulcro de ambos se encuentra actualmente en la iglesia de San Pedro Mártir, con lo que deducimos que el tiempo se encarga de tejer insospechados hilos de unión entre seres y acontecimientos cercanos (puesto que también allí fue enterrado nuestro poeta). Este lugar tiene dos nexos con Garcilaso. Uno remoto, pues estos condes estaban emparentados con los de Cedillo, y éstos con un nieto del poeta. Pero el más sugestivo se establece a través de la vinculación del lugar con la figura de la infanta Isabel de Portugal, casada con Carlos I en 1526. La relación de la emperatriz Isabel con este palacio fue infausta: aquí murió el 1 de mayo de 1539, a la una de la tarde. Desde las cortes de 1538 vivía la soberana en Toledo. El 23 de octubre de ese año llegó Carlos I a la ciudad hospedándose con su esposa en el palacio del conde de Mélito, don Diego Hurtado de Mendoza (donde hoy se ubica el Colegio de Doncellas), pues el Alcázar no estaba habitable. A finales de abril del año siguiente la emperatriz dio a luz un niño muerto, sufriendo fiebre puerperal. El 27 de ese mes se la traslada al palacio del conde de Fuensalida, por consejo médico. Pero no fue posible salvarla. La emperatriz Isabel está relacionada con Garcilaso al menos por dos cuestiones. La primera de las mismas es que, estando ausente de Toledo su esposo, fue ella quien tomó la decisión de castigar al poeta por haber asistido en Ávila al matrimonio de su sobrino y tocayo, hijo de Pedro, el hermano comunero del poeta (razón por la que estaba proscrito ante los monarcas). Fue un matrimonio sin autorización real y Garcilaso provocó, con su presencia, la ira de la soberana. Estando Garcilaso en Tolosa (3 de febrero de 1532), fue requerido para declarar. Un poco más adelante (marzo de 1532), el emperador, informado por cartas de su esposa, dictó contra el poeta una orden de confinamiento en una isla del Danubio, lo que debió de durar hasta el verano de ese año. Estos hechos demuestran que la emperatriz, la bellísima mujer pintada por Tiziano, sólo aparentemente era frágil: más bien se comportó como una mujer dura e inflexible. La segunda vinculación se refiere a la dama que trajo consigo cuando vino a España a desposarse, Isabel Freyre, a la que conoció nuestro autor estando ya casado (unos meses o un año después, según se viene admitiendo). La figura de Isabel Freyre como inspiradora de los versos de Garcilaso es un lugar común entre los estudiosos de la literatura (la bellísima portuguesa ya había sido cantada en su país por Francisco Sá de Miranda con el nombre de Celia). Bajo esta clave se han entendido tradicionalmente los sonetos y demás composiciones amorosas de Garcilaso. Ya se ha visto el ejemplo de la Égloga III en la que el nombre de la ninfa Elisa ha sido interpretado como trasunto, casi literal, de Isabel. Incluso en la Égloga I se ha visto al poeta desdoblado en los dos pastores, Salicio que se queja de los desdenes de su amada, y Nemoroso que llora su muerte. En el primero de los casos, los celos podrían estar motivados por el matrimonio de la dama con Antonio de Fonseca hacia 1529. Respecto al segundo supuesto, Isabel Freyre murió de parto hacia 1533 ó 1534, y los críticos han querido ver la clave de esta identificación en el verso 370 en el que se evoca a la diosa protectora de los nacimientos: “en aquel duro trance de Lucina”.
Garcilaso: Égloga I
Pero este papel de musa no sólo lo han aceptado unánimemente los estudiosos de Garcilaso sino que también lo han divulgado otros escritores, como en el ya citado texto de Marañón. Ahora bien, el reciente descubrimiento de otro amor toledano del poeta llevado a cabo por la investigadora Carmen Vaquero Serrano, deja en entredicho esta clave interpretativa tradicional. De ello hablaré más adelante. Pero aún admitiendo que sus más emotivos versos de amor pudo haberlos encendido esta otra mujer hasta ahora desconocida, es posible que también la dama portuguesa inspirase al enamoradizo autor, aunque fuese más vagamente o sin la intensidad emocional profunda que antes se le atribuía. De hecho, se encuentran alusiones a “ojos claros”, aunque bien es verdad que esta referencia constituía en la época un atributo tópico de la belleza femenina en general. De momento, leeremos otro poema dictado desde la interpretación clásica.
Clemente Palencia: A Isabel de Freire
Aquí estuvo el hospital para dementes y expósitos que fundó en 1483 el canónigo Francisco Ortiz, nuncio del papa Sixto IV (circunstancia a la que debe el haber sido siempre conocido como “el Nuncio”). La primera noticia documental que se conoce de Garcilaso está relacionada con este hospital, dentro de los alborotos previos a la revuelta comunera. Se fecha en 1519, 7 de septiembre, y se trata del proceso abierto contra Garcilaso y otras seis personas por haber entrado en dicha institución con “ruydo”, es decir, de forma poco pacífica. El hecho debió de estar motivado por un conflicto de competencias entre las instituciones responsables de dicho hospital. Fue condenado a tres meses de destierro. En la sentencia de este proceso aparece el joven Garcilaso asistido por un curador, Juan Gaitán, puesto que era huérfano de padre. Ello demuestra que tenía entonces menos de 21 años. Basándose en documentos posteriores del poeta (a partir de abril de 1520) en los que ya no aparece la figura del curador, Carmen Vaquero llega a la conclusión de que Garcilaso nació en 1499 y no en 1501 como se ha venido aceptando. No tenemos constancia de que tal acontecimiento juvenil generase en el poeta texto alguno. Sí se le atribuyen algunos ejemplos a su etapa de destierro en el Danubio, aunque entonces ya su espíritu debía de estar más desasosegado por otros conflictos emocionales que por el mero alejamiento físico, como se adivina en unos versos que ahora leeremos.
Garcilaso: Canción III
Llegamos frente a la iglesia que fue parroquia de Garcilaso y su familia. En esta calle parece que estaba también la casa que alquiló para habitar con su esposa, después de haber vivido junto a su madre en la mansión familiar. Y también aquí se ubica, con toda seguridad, la casa de Guiomar Carrillo, el primer amor del poeta. El descubrimiento de esta mujer por parte de la investigadora toledana Carmen Vaquero Serrano ha sido un importantísimo hallazgo para replantear la biografía de Garcilaso. Sus conclusiones resultan altamente interesantes y vamos a resumirlas. Guiomar de Carrillo, perteneciente a una noble familia toledana, confiesa en su testamento (1537) que, siendo ambos solteros, habían mantenido relación carnal durante bastante tiempo y que de esa unión nació (quizás en 1521) el hijo de ambos, Lorenzo, apellidado Suárez de Figueroa. Ya se conocía la existencia de un primer descendiente de Garcilaso, anterior a su matrimonio, pero se ignoraba la identidad de la madre. Guiomar se vio obligada a hacer testamento a favor de este hijo de ambos, un año después de la muerte de Garcilaso, posiblemente por el incumplimiento de la viuda acerca de las disposiciones testamentarias del poeta (que se protegiese al joven y se le diesen estudios). Vaquero llega a la conclusión de que Garcilaso y Guiomar no pudieron casarse por la oposición del emperador, puesto que ella pertenecía a una familia comunera y él tenía ya suficiente estigma con la pertenencia de su hermano mayor a este grupo de nobles rebeldes al monarca. Ahora bien, no cabe duda de que fue un amor temprano e intenso (la existencia de un hijo lo confirma), un amor duradero, posiblemente alimentado aún después del matrimonio del poeta con Elena de Zúñiga (1525). En algunos de sus versos se adivina al hombre, aunque vestido con ropa de pastor renacentista: las confidencias de Albanio respecto a su amada Camila relatan unas circunstancias (amistad temprana, vecindad) que son las mismas que existieron entre Garcilaso y Guiomar.
Garcilaso: Égloga II
Que Lorenzo era un hijo querido e importante para Garcilaso lo demuestra el hecho del nombre elegido, así como los apellidos: ambos habían sido usados por varones destacados de la familia desde siempre. Es decir, era como si le considerase su primogénito, el continuador de su estirpe, hecho posteriormente frustrado por el arreglo matrimonial con una joven del gusto de los monarcas (Elena era dama de la infanta doña Leonor de Austria, hermana de Carlos I). Quizás con el tiempo Guiomar tuviese otros amores, lo que pudieron provocar los celos del poeta, nacidos del rescoldo de su amor. ¿Se refiere a ella cuando, a propósito de una reflexión sobre la muerte, se queja de ver a su amada en brazos de otro hombre?. Según las interpretaciones tradicionales, en este fragmento que ahora transcribo Garcilaso estaría pensando en la ya casada Isabel Freyre.
Garcilaso: Elegía II
Quizás vivió torturado entre sus deberes como esposo y su pasión amorosa por aquella mujer que compartió sus juegos de niño (como vecinos que eran) y con la que seguramente soñó casarse. Hubo, pues, dos mujeres importantes en su vida, a las que le unían dos vínculos muy fuertes: la mujer-pasión y la esposa legítima (aunque ella nunca fuese objeto de poema alguno). Y estos lazos parece lógico pensar que pesarían en su ánimo infinitamente más que la platónica admiración que pudiera haber sentido por Isabel Freyre. En cualquier caso, en sus versos se adivinan sentimientos contradictorios, tensiones emocionales, aunque contenidas. ¿Desafía Garcilaso los convencionalismos sociales, reivindicando su derecho a alimentar la vieja pasión, en los dos sonetos que transcribimos? ¿Confiesa de forma velada que está inexorablemente atado a esta mujer en el fragmento siguiente?
Garcilaso: Soneto IV
Garcilaso: Soneto V
Garcilaso: Canción IV
Nos hallamos ante los despojos de lo que fue solar de la casa de Garcilaso. Debió de ser mansión importante porque sirvió de alojamiento a ilustres visitantes: en 1498 a don Manuel, rey de Portugal cuando vino a desposarse con Isabel, una de las hijas de los Reyes Católicos; y en 1526 aquí se hospedó, cuando vino a Toledo (según dato de Julio Porres), Germana de Foix, que en 1505 se había desposado con Fernando el Católico. La situación de la casa es privilegiada si lo miramos bien, por lo que nos parecen muy sutiles las apreciaciones de Mariano Calvo que seguidamente transcribimos, tomadas del libro Garcilaso de la Vega. Entre el verso y la espada.
Mariano Calvo: "Mi parroquia de Santa Leocadia"
Así pues, aquí nació Garcilaso, tal como parece venirse admitiendo, aquí vivió su infancia y juventud, y también posiblemente los primeros años de matrimonio. Su padre, llamado como él, había sido contino, es decir, hombre de la corte de los Reyes Católicos. Murió en 1512. Su madre fue doña Sancha de Guzmán, señora de Batres, mujer de fuerte personalidad. Seguramente ella tuvo un papel decisivo en el matrimonio de conveniencia de su hijo segundo, pues bastante habría sufrido con el mayor y su filiación política en el bando de los comuneros. Pero Garcilaso no debió de ser feliz con su esposa, seguramente se limitó a cumplir con los mínimos deberes conyugales, pero no hubo pasión: ello explicaría la ausencia de alusiones a la esposa en sus versos. Cedamos la palabra de nuevo a Marañón.
Gregorio Marañón: "La sombra indecisa"
No hay huellas de amor conyugal en el poeta; muy al contrario, de manera muy velada y sutil incluso podemos encontrar algún verso en el que se adivina la expresión de un hastío, como en el soneto que sigue.
Garcilaso: Soneto XVII
Pero retornemos al lugar. Este solar, cuna del más excelso poeta toledano, debiera haber sido casi un espacio de culto. Pero la desidia y la incuria lo mantuvieron por los años de los años en el más lamentable abandono. Así lo encontró Alberti alguna vez que deambulaba por las callejuelas de la vieja ciudad y, como no podía ser menos, su sensibilidad de poeta le permitió captar la importancia del paraje y su retina encontró la sencilla lápida de mármol, único homenaje entre tan romántica desolación. La colocación de esta lápida había sido acordada en sesión extraordinaria del Ayuntamiento el día 8 de agosto de 1900, así como la decisión de poner a la calle el nombre del poeta.
Rafael Alberti: La arboleda perdida
Si para el poeta gaditano fueron inspiradoras estas ruinas, al viajero actual, que intentase buscar las huella de lo que fueron, le aguarda una profunda decepción, porque el prosaísmo de nuestros tiempos las ha metamorfoseado en un funcional edificio público. Si Garcilaso hubiese sido británico, por ejemplo, seguramente no tendríamos que escribir ahora estas líneas quejumbrosas.
Aquí estuvo la casa del comunero. Tras la derrota de Villalar y la huida de Toledo de su viuda, María Pacheco, el emperador ordenó derribar el edificio y sembrar de sal su solar. Es fácil deducir que ambas familias, la de Padilla y la de Garcilaso, mantendrían desde siempre estrechas relaciones, tanto por la vecindad como por pertenecer a una misma clase social. Andando el tiempo, una nueva circunstancia vendría a reforzar dramáticamente estos vínculos: los toledanos recibieron con recelo al nuevo monarca porque Carlos I, además de llegar a España desconociendo nuestra lengua, en el caso concreto de la ciudad irritó al Cabildo de la Catedral designando arzobispo primado a Guillermo de Croy, un joven extranjero que no tenía la menor intención de ganarse el sueldo estando al frente de la diócesis; y provocó el descontento de las familias nobles porque observaban que muchos cargos relevantes iban a parar a manos extranjeras, al tiempo que las arcas municipales se diezmaban para cubrir las apetencias imperiales del futuro Carlos V a partir de 1519. El descontento se materializó más agudamente entre los regidores de la ciudad, lo que desembocó en el levantamiento comunero. Figuras destacas del mismo fueron Juan de Padilla y Pedro Laso: el segundo se vio obligado a vivir huido de su solar y sufrió la terrible experiencia de tener que pelear contra su propio hermano (pues Garcilaso militó en el bando del emperador); pero peor suerte corrió el primero, lamentablemente decapitado tras su derrota. Evoquemos, pues, la figura de este héroe toledano.
Manuel José Quintana: A Juan de Padilla
Tocando el final de nuestra ruta, llegamos al monumento a Garcilaso de la Vega. En esta sosegada plaza recuperada en 1979 (tras demoler el depósito de aguas que aquí existía) se alza la estatua que nos evoca la figura del poeta-soldado que representa, como pocos, la armoniosa síntesis del tópico armas-letras. Le rendiremos homenaje a través de los versos de otros poetas.
Rafael Alberti: "Si Garcilaso volviera..."
Gabriel Celaya: A Garcilaso de la Vega
Santiago Sastre y Ángel Villamor: Y entonces me pregunta por Toledo Garcilaso
Finalmente, escucharemos su propia palabra a través del más bello –posiblemente– de los sonetos por él escritos: “el doloroso sentir”, la dulce melancolía, la expresión más sosegada y contenida del poeta, alcanzan en estos versos su versión más feliz y precisa.
Garcilaso: Soneto X
VIII – Iglesia de San Pedro Mártir Estamos en la capilla del Rosario, llamada por Garcilaso “de mis agüelos” porque, efectivamente, había sido fundada por antepasados suyos de la línea materna. Aquí reposan los restos del insigne vate toledano junto con los de su hijo Íñigo (llamado después Garcilaso en honor de su padre) que es el que se encuentra detrás. Garcilaso fue herido posiblemente un 19 de septiembre y murió en Niza el 14 de octubre de 1536. Fue inhumado en la iglesia de Santo Domingo de Niza. Él había manifestado en su testamento que su deseo era ser enterrado donde muriese, si era “pasado la mar”. Pero su esposa no quiso respetar esta voluntad y comenzaría pronto los trámites para su traslado, lo que ocurrió en 1538. Las estatuas orantes fueron realizadas por un tal Linares y costaron 75.000 maravedíes (según deduce Mariano Calvo de los testamentos de la viuda y otros documentos). En 1869 las Cortes Constituyentes decidieron ubicar un panteón nacional de hombres ilustres en el templo de San Francisco el Grande de Madrid. Con tal motivo, se trasladaron los restos del poeta toledano con gran solemnidad. El proyecto no cuajó y permanecieron seis años en la sacristía del citado templo. En 1875 volvieron a Toledo, donde fueron depositados en el Ayuntamiento. Tuvo que ser un conserje quien cayese en la cuenta de lo que guardaba aquel cajón arrinconado. Avisadas las autoridades, se decidió dar destino más digno a tan ilustres restos. Y el 17 de agosto de 1900 fueron solemnemente restituidos –al fin– a la paz de la capilla de sus mayores. Pero retrocedamos en el tiempo. Las circunstancias que rodearon a la muerte del poeta lógicamente están envueltas en la pátina vaga con la que el paso de los años viste a los hechos pasados, lo que propicia que puedan existir interpretaciones varias. No obstante, contamos con un interesante testimonio que se recoge en el libro citado en páginas anteriores:
Mariano Calvo: "La muerte airada"
El Emperador quiso saber quiénes eran aquellos y, ante su insolencia, consideró que se les debía reducir a la fuerza: entre los caballeros que se aprestan a cumplir esta pequeña escaramuza está el maese de campo Garcilaso de la Vega:
Y continua Calvo reconstruyendo lo que debieron ser aquellas penosas jornadas en las cuales el cuerpo herido del poeta toledano fue trasladado a Frejus, donde permaneció cinco días, saliendo el 25 de septiembre hacia Niza. Allí llegaron el 27 y lo alojaron en el palacio del duque de Saboya:
Pero pongámonos ahora en Toledo. Los hechos pudieron ser como los relata Marañón en su ya varias veces citado libro.
Gregorio Marañón: "La nueva trágica"
Sin duda alguna, el fallecimiento del poeta debió de causar profunda conmoción en Toledo y entre todos aquellos que le conocieran. Su compañero en las lides literarias, Boscán, volcó sus sentimientos en una memorable elegía: el amor del amigo encuentra un molde perfecto en este soneto en el que los recursos retóricos usuales en este tipo de composiciones están supeditados a la expresión de la emoción.
Juan Boscán: A la muerte de Garcilaso
Pero no debemos limitarnos a la época misma de Garcilaso. El poeta, el soldado, el caballero galán toledano muerto en tierras francesas, ha sido evocado en otros momentos, por otros autores que ahora vamos a escuchar.
Miguel Hernández: Égloga
Antonio Manjón-Cabeza Sánchez: Entusiasmo pueril del 19-9.
Antonio Manjón-Cabeza Sánchez: Visita a Garcilaso.
Mariano Calvo: Ante la tumba de Garcilaso de la Vega en San Pedro Mártir
Ya es preciso despedirnos de nuestro poeta y, como no podía ser menos, sus palabras deben ser las que al final queden como eco en nuestra memoria. En algunos momentos de su vida Garcilaso seguramente sintió cercana la presencia de la muerte, no en balde practicó una profesión de riesgo y fue herido en varias ocasiones.
Garcilaso: Elegía II
Estas sutiles congojas adivinadas en fragmentos de sus poemas, se tornan dolorosas premoniciones cuando caemos en la cuenta de lo pronto que le convocó la parca. Desde esta perspectiva leeremos el último soneto.
Garcilaso: Soneto VI
Y revestido del pastor Albanio, en la Égloga II (v.v. 528-532), Garcilaso deja testimonio del consuelo a que aspira cuando tenga que emprender el último de sus viajes:
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Obras que se citan: Calvo López, Mariano (1992): Garcilaso de la Vega. Entre el verso y la espada. Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Marañón Posadillo, Gregorio (1983): Elogio y nostalgia de Toledo. Madrid, Espasa Calpe (1ª edición, 1951). Porres Martín-Cleto, Julio (1982): Historia de las calles de Toledo, II. Toledo, Zocodover. Vaquero Serrano, Mª del Carmen (1999): Garcilaso: Aportes para una nueva biografía. Los Ribadeneira y Lorenzo Suárez de Figueroa. Toledo, Oretania Ediciones. | ||||||||||||||||||||||||||

















